Nuevas tendencias de consumo: las redes colaborativas

11 mayo, 2012 by in category Consumo tagged as , , , , with 0 and 0
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Cuando se habla de nuevas tendencias de consumo se tiende a referirse a aquellas actividades que reportan un beneficio económico a alguna empresa. Se podría hablar de nuevas tendencias en cuanto a ventas de productos ecológicos, el auge del comercio de marcas blancas, la compra de productos por internet… pero poco se dice de los productos que pueden ser intercambiados en especies. El hecho que estos productos no tengan una valorización económica directa los mantiene en la invisibilidad mediática, aunque su impacto real se pone de manifiesto cuando uno analiza su número de usuarios.

El intercambio de productos en especie ha existido desde los inicios de la historia de la civilización humana. Las necesidades que tenía una persona, cuando no podían ser satisfechas por esta misma, eran cubiertas por la comunidad: la tribu, la familia, los vecinos más cercanos… sin embargo, con el advenimiento de la sociedad moderna, entendida como aquella surgida a partir de las ideas ilustradas y que encuentra su máxima expresión en el sistema de producción industrial capitalista, la satisfacción de las necesidades se convierte en una responsabilidad individual y dependiente de la relación que la persona establece con el mercado. La idea fuerte de propiedad privada ha sido determinante para llegar a este punto.


No obstante esto, a finales del siglo XX se empieza a fraguar un cambio. La aparición de las ideas New Age (concepto muy difuso asociado a los movimientos contraculturales norte-americanos), juntamente con la crisis del rígido modelo de producción fordista, a finales de los 70’, impulsan la adopción cada vez más generalizada de unos valores sociales que se alejan de aquellos forjados durante la etapa de desarrollo industrial fordista. Se trata de un conjunto de valores que se podrían etiquetar como “postmaterialistas” (Inglehart, 1997), caracterizados por su orientación a la participación ciudadana en la toma de decisiones, la protección de la libertad de expresión, la protección del medio ambiente y un progreso social vinculado a la fuerza de las ideas y no a la fuerza del dinero.

La presencia de los valores postmaterialistas está creciendo año tras año, y figuran ya en los programas electorales de los partidos mayoritarios, aunque se podría criticar que los valores que defienden sean coherentes con sus posteriores comportamientos. Estos valores se han visto aún más reforzados a raíz del período de recesión económica que están viviendo los estados occidentales: se ha descubierto que el crecimiento económico vinculado a un capitalismo sin fronteras no tiene por qué llevar, necesariamente, a una mejor calidad de vida.

Dentro de este contexto de cambios sociales, económicos y políticos, aparece la gran correa de cambio social: Internet. Este instrumento abre la puerta a un nuevo tipo de consumo colaborativo, no vinculado a las leyes monetarias. El consumidor, al darse cuenta de las posibilidades del intercambio no mercantil, deja de ser un individuo pasivo para convertirse en un creador. Este tipo de redes de intercambio no han dejado de aumentar, tanto en número como en volumen de usuarios, desde hace unos años. El contexto de crisis económica no ha hecho más que exacerbar este proceso.

Una de las redes de intercambio más potentes es Couchsurfing.org, una web que pone en contacto personas que quieren ir de viaje con individuos dispuestos a aceptar viajeros en sus casas. Es, pues, una manera de viajar sin tener que pagar alojamiento. La reputación que ha adquirido cada persona en sus viajes es un elemento clave para establecer una relación de confianza bidireccional. Y es que la confianza, en redes de intercambio en especies, es un valor fundamental. En España ya hay 129.000 usuarios de esta red, el 50% de los cuales tienen menos de 30 años, y su número aumenta de una manera exponencial año tras año. A nivel mundial, Couchsurfing cuenta ya con más de 4 millones de personas registradas.

Otra manera de consumir productos colaborativamente, y que está en gran auge, es el de los trayectos compartidos. Una persona tiene que ir en coche de Barcelona a Lleida, supongamos, y decide colgar un anuncio en alguna página de internet especializada para intentar compartir el viaje, y los gastos de éste, con otras personas. El ahorro en gasolina y en producción de coches es evidente, aunque a algunas marcas fabricantes no les interese para nada este nuevo concepto de consumo.

Blablacar.es es una de estas páginas. Su nombre se deriva del modo en que los usuarios se autoclasifican: los “Bla” son los poco habladores; los “Bla bla” son aquellos a los cuales les gusta charlar; y los “Bla bla bla” son aquellos que no se callan… es bueno saber con qué compañero de viaje te vas a encontrar, más que nada para estar preparado (uno siempre puede pensar en traerse unos auriculares, o unos tapones para los oídos, por si las moscas…). Esta red colaborativa de consumo cuenta actualmente con 1,8 millones de usuarios en España, Francia, Reino Unido e Italia.

Otras webs ofrecen el mismo tipo de servicio. Amovens.com, por ejemplo, cuenta con aproximadamente 50.000 usuarios en España. También resulta interesante presentar el concepto de Car sharing” que, a mi entender, es sólo una revisión del antiguo concepto de “Rent a car”. Se argumenta que el hecho de poseer un coche implica, muy a menudo, un uso desmesurado e innecesario del vehículo. Lo que se intenta conseguir es una parque de vehículos para compartir que evite la producción superflua de coches y una reducción de las emisiones de CO2, ya que el usuario sólo utiliza el coche cuando lo necesita.

Una de las webs de intercambio colaborativo que más me ha llamado la atención es Zopa.com, una página que funciona en el Reino Unido. Realmente desconozco si existe una web similar en español. Zopa es una plataforma que pone en contacto las personas que desean pedir dinero prestado con otras personas que lo prestan. Sin intermediarios ni utilización de los beneficios para llevar a cabo acciones que, desde algunos puntos de vista, se podrían considerar poco éticas.

¿Cómo funciona esta página?. Los administradores de la web califican la capacidad de devolver la deuda de los solicitantes de crédito (A*, A, B o C, similar a la escala utilizada por las agencias internacionales de calificación de la deuda). En segundo lugar, el prestamista establece sus condiciones: calificación de la persona a la que quieren prestar, volumen del préstamo y plazo en el cual quieren que este sea devuelto. En tercer lugar, el solicitante de crédito escoge aquel producto que más se ajusta a sus necesidades. Seguidamente, se establece un contrato con carácter legal. Si los pagos mensuales no son devueltos, Zopa utiliza los mismos instrumentos legales que podría utilizar un banco clásico.

Los bancos de tiempo son una innovación que ponen el acento en otra manera de consumir. En este caso, se sustituye el pago mediante monedas por el pago mediante servicios. La unidad de cambio, en este caso, es la hora. Una persona ofrece un servicio determinado (por ejemplo, arreglar ordenadores). Cuando ésta ha satisfecho la demanda de algún otro miembro del banco de tiempo, obtiene un número de créditos correspondientes al número de horas que ha estado trabajando. Con estos créditos, el informático puede obtener otros servicios ofrecidos en el banco: clases de inglés, servicios de canguro…

Debido al carácter local e indeslocalizable de los servicios que se ofrecen en un banco de tiempo, éstos suelen tener un alcance municipal. No conozco, en consecuencia, páginas web que se dediquen a este servicio a nivel estatal. Algunas de las páginas que se pueden encontrar en la red son el banco de tiempo de Zaragoza o el banco del tiempo de Bilbao.

Las redes locales de consumo (normalmente vinculadas a productos agrarios) comparten con los bancos de tiempo una misma característica: un alcance territorial limitado. Este es un hecho inherente a cualquier red de consumo, ya que lo que persigue es conseguir que los consumidores obtengan productos directamente del productor local. Esto, a nivel medio ambiental, supone dos ventajas: se reduce el impacto causado por el transporte y se incentiva el consumo de los productos de temporada, muy a menudo calificados como “ecológicos”. Además, desde un punto de vista social, las redes de consumo local permiten la eliminación de los intermediarios, con lo que se consigue incrementar el margen del productor (muy reducido en el mercado clásico) y bajar el precio para el consumidor.

Las iniciativas relacionadas con el consumo colaborativo son muy amplias, y seguramente no habría espacio para seguir presentando ejemplos. Aquello que resulta evidente es que, a pesar de pasar inadvertido a nivel mediático, su proliferación está en auge. Las limitaciones económicas derivadas de la crisis económica, así como la aparición de internet como herramienta de comunicación, están poniendo los cimientos para entender el consumo de otra manera.

 

Fotografía 1:fabricadesombreros

Fotografía 2: Christophe Langlois

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