Hace tiempo, lanzamos en el grupo de discusión de Linkedin «Investigación de mercados en España» una conversación sobre la irracionalidad de los consumidores que llevaba el siguiente título:
«Las decisiones que toman los consumidores a menudo carecen de fundamentos racionales y son difíciles de comprender según esquemas analíticos clásicos, basados en el supuesto de la maximización del propio interés. ¿Qué hacer entonces?«
Ayer estuve releyendo un libro que en su día me había sorprendido positivamente. Una de las razones por las que me sorprendió en aquel momento era que en sus páginas se hallan decenas de ejemplos de situaciones, la mayoría de ellas en el interior de establecimientos comerciales, que reflejan decisiones de compra difícilmente predecibles a través de encuestas cuantitativas o grupos de discusión.



