Internet y desigualdad

26 junio, 2013 by in category Internet tagged as with 0 and 0
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Desde su surgimiento, internet ha sido considerada como la herramienta más útil para democratizar el acceso que los ciudadanos tienen a la información. “La red nos hará libres”. Sin embargo, hay una premisa que a mi entender no hay que perder de vista: la tecnología no es buena o mala por naturaleza… todo depende del uso que de ella se haga. Y, es más, añadiría que será buena o mala en función de la moral, o de los intereses, del que aplique esta tecnología.



Internet permite que una persona que vive al otro lado del planeta emita un mensaje y que, prácticamente de manera instantánea, yo pueda recibirlo. Esto, sin ningún tipo de dudas, abre la puerta a la distribución de información desde un plano horizontal: los datos pueden ser compartidos a modo C2C (consumidor a consumidor), con lo que se rompe la clásica barrera vertical que separaba los grandes medios de comunicación del ciudadano llano. Esto es así… al menos formalmente.

En primer lugar, hay que señalar que, a no ser que el internauta sepa exactamente cuál es la información y quién es la fuente que está buscando, los creadores de información presentan un alto grado de desigualdad en cuanto a las posibilidades de acceso a su público. La explicación de este hecho es obvia y no merece profundización: los resultados de las búsquedas en los buscadores priman ciertas páginas por encima de otras… los criterios según los que se fundamentan serán más o menos acertados, pero no se puede negar que éstos generan inequidad desde el punto de vista de la oferta de contenidos.

A esto habría que añadir un segundo elemento que merma el alcance democratizador de la red. Uno de los puntales que, a mi entender, debe tener una democracia fuerte no reside tan solo en la capacidad de acceder libremente a la información, sino en la posibilidad de contrastarla. Los esfuerzos de Google para seguir desarrollando sus algoritmos de búsqueda, de manera que nos hagan la vida más fácil, no tienen fin.

Cuando realizamos una búsqueda en este navegador, los resultados que obtenemos no son los mismos que obtendría cualquier otro internauta, sino que están orientados a satisfacer nuestras propias necesidades. Siempre y cuando mantengamos nuestras cuentas de Google abiertas, los resultados obtenidos en búsquedas se acomodarán a nuestra localización geográfica, a nuestras búsquedas más recientes y a nuestro largo historial de consultas realizadas.

Esto, que podría parecer el más brillante de los inventos, tiene también sus puntos flacos. Una de las consecuencias no previstas del uso de este algoritmo consiste en la amplificación, a modo de una espiral ascendiente sin fin, de la ideología de una propia persona. Como más búsquedas realice una persona de una temática concreta en unas páginas determinadas, más probable será que, en una segunda búsqueda, le aparezcan páginas similares a las consultadas en la primera búsqueda. En una tercera consulta al buscador, esta probabilidad será aún mayor… y así sucesivamente, hasta llegar al infinito. En el más absurdo e ideal de los casos, el individuo no podría salir de un círculo en el que la información que va recogiendo se retroalimenta continuamente. Obviamente, esta situación hipotética no es más que una hipérbole… pero ilustra el funcionamiento del algoritmo de Google.

Otro elemento generador de desigualdades en internet se encuentra en la utilización de las redes sociales. De hecho, lo que genera esta desigualdad no es la herramienta en si, sino el modo según el que los seres humanos intercambiamos información. Según un estudio publicado recientemente en la revista Physical Review E, los rumores que se esparcen por los social media (sean ciertos o falsos, poco importa) pierden el 70% de la información que contenían al cabo de 6 interacciones boca-oreja. Durante este proceso, el mensaje original se acorta, se hace más conciso, fácil de captar y fácil de explicar.

En función de quien sea el que domine la red (en términos de conexiones nodales), ya sean los “modificadores” o los “transmisores”, el mensaje original puede llegar a mutarse en versiones y contraversiones que hagan cuestionar la validez y veracidad del rumor. Sin embargo, y ahí es donde entra el tema de la desigualdad, aquellas personas que estén mejor conectadas tendrán muchas más probabilidades de escapar del rumor y recibir la información original. Las almas solitarias tendrán muchos más números de caer en la perversión de los mensajes falsos. Hay que tener en cuenta que, según los autores del estudio, unos pocos “modificadores” pueden infectar la totalidad de la red con sus mensajes sesgados.

Pese a estos hechos que cuestionan la validez de internet en términos democráticos, de equidad y de igualdad, las consecuencias no deseadas que he presentado no son fruto de la herramienta… sino de la propia naturaleza humana. Como decía al principio, la tecnología no es buena o mala, sino que depende de como se utilice. A mi personalmente, internet me ha hecho la vida más fácil… y me ha dado la oportunidad de acceder a información que, hace 15 años, ni me hubiera planteado recibir. Simplemente hay que tener presente que nada es 100% perfecto.

Fotografía: Bruce Irving

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