Uno de los hitos, o manías, de toda ciencia social es la creación de categorías que intenten encontrar la esencia diferenciadora de un determinado conjunto de datos, llámesele datos, individuos o personas. Esta obsesión se aplica a cualquier objeto de estudio. En referencia al marketing, uno de los ámbitos de estudio que últimamente están más en boga es el de las categorías originadas a partir de las diferencias generacionales.
Aunque se puede criticar el reduccionismo al cual a veces se cae mediante el uso de las clasificaciones, lo que hay de cierto en muchas de ellas es que tienen aplicaciones prácticas. Un concepto tan difuso como es el de la “generación Y” puede ayudar a los responsables de marketing de las empresas a orientar tanto sus campañas de comunicación como la creación de nuevos conceptos.
Antes de entrar en detalle, creo conveniente poner los límites a aquello que se entiende por “generación Y”, conocidos también como los “milenarios”. Convencionalmente se dice que las personas que se incluyen en esta categoría han nacido entre los años 1980 y 1999. Las características que se les atribuyen se relacionan con los procesos históricos, sociales, económicos y, sobretodo, tecnológicos, con los que nacieron y crecieron.




