Vivimos en un época en la que parece que las técnicas utilizadas tradicionalmente en investigación de mercados se están poniendo en entredicho, sobre todo en lo que se refiere a la creación de nuevos productos y de nuevos conceptos. Sólo un dato: en España, únicamente entre el 2,5% y el 5% de los productos disruptivos (aquellos que suponen una innovación en todos los sentidos) acaban triunfando en el mercado. Y cabe esperar que el resto de conceptos hayan sido testeados mediante encuestas o focus groups. Siendo esto así cabe hacerse una pregunta: ¿por qué los estudios de mercado tradicionales aciertan tan poco en la elección de aquellos productos disruptivos que tendrán éxito?
Una de las respuestas más convincentes a esta pregunta se deriva del hecho que las técnicas de recogida de datos tradicionales entienden al consumidor com un homo economicus. Es decir, en gran parte se olvidan del hecho que la acción de compra acostumbra a ser algo vinculado con la irracionalidad. Una buen sistema para testear los poductos en un contexto que simula la realidad es el proporcionado por el crowdsourcing. La gran innovación que trae esta técnica es que no tan sólo permite analizar la aceptación que tendrá un producto, sino que son los propios consumidores los responsables de crear nuevos artículos.
Los orígenes del crowdsourcing se encuentran en un ámbito disitinto del de marketing. Augusto Boal, en los años 60’, puso la primera semilla que desembocaría en el crowdsourcing tal como se entiende en la actualidad. Este autor ideó una forma de hacer teatro que se alejaba de la estructura emisor-receptor del teatro clásico. En la perspectiva de Boal, que recibe el nombre de “Teatro del Oprimido”, el mensaje teatral es el resultado de la interacción entre los actores y el público. Boal creía que, consiguiendo esto, se rompía la lógica de dominación clásica (actores vs público) inherente en la representación teatral. Esto, al mismo tiempo, daba las llaves para que la población superara la dominación expresada en términos económicos (opresores económicos vs oprimidos). Para Boal, pues, el teatro del oprimido era una vía para conseguir la emancipación de los sectores más empobrecidos de la sociedad.




