Un nuevo problema está azotando el ya maltrecho sistema sanitario de este país. Los psicólogos se han puesto manos a la obra para intentar solucionar una enfermedad que se suma a la larga lista de anomalías psicológicas que se están desarrollando por culpa de la crisis económica, cuyos efectos no se expresan tan sólo en términos monetarios.
El síndrome de Antara ya está aquí. ¿Se trata de una enfermedad de nuevo cuño o, más bien es el resultado de una elaboración conceptual que define un fenómeno preexistente? Es uno de los grandes debates que están teniendo lugar, ahora mismo, en la mayoría de las facultades de psicología del mundo. La visión dominante es que se trata de un fenómeno totalmente nuevo, incomparable a la eclosión de los conceptos estrés o bullying, palabras nuevas para expresar cosas viejas.
La razón que explica la aparición de esta enfermedad se encuentra en las misteriosas habitaciones donde los ingenieros de la marca alemana Opel diseñaron el último de sus modelos, el Antara. Pero hay quien se atreve a decir que no fueron los ingenieros los responsables de la aparición de esta enfermedad, sino que surgió de los despachos del departamento de marketing de esta marca.
Efectivamente, el síndrome de Antara es el concepto creado para empujar la estrategia de marketing del nuevo Opel Antara. Los síntomas de este síndrome se traducen en una predisposición incontrolable a poner a prueba el coche en situaciones poco convencionales. Los poseedores de este elegante cross-over tienen un único objetivo: encontrar el límite en las posibilidades de su vehículo.



