La semana pasada uno de nuestros posts mencionaba los resultados de una encuesta según la cuál los individuos asociamos el concepto de solidaridad con palabras relacionadas sobre todo con grandes virtudes como: amor, ayuda, compromiso, empatía, compartir, responsabilidad, bienestar o respeto.
Sin embargo, quizás porque la misma idea de solidaridad supone que no se pida nada a cambio, la mayoría de las veces no verificamos que nuestras donaciones se emplean de forma transparente y eficaz.
Si por un lado hay entidades benéficas que realizan un gran esfuerzo para recompensar la generosidad de la gente con un trabajo impecable de transparencia financiera, hay otras que son muy poco transparentes a la hora de informar sobre el destino de los fondos recaudados o sobre los gastos de administración y/o estructura.
¿Cómo podemos distinguir entre las que realizan ese esfuerzo por ser transparentes y las que no para tener más garantías sobre nuestras donaciones?
