Cuando se habla de nuevas tendencias de consumo se tiende a referirse a aquellas actividades que reportan un beneficio económico a alguna empresa. Se podría hablar de nuevas tendencias en cuanto a ventas de productos ecológicos, el auge del comercio de marcas blancas, la compra de productos por internet… pero poco se dice de los productos que pueden ser intercambiados en especies. El hecho que estos productos no tengan una valorización económica directa los mantiene en la invisibilidad mediática, aunque su impacto real se pone de manifiesto cuando uno analiza su número de usuarios.
El intercambio de productos en especie ha existido desde los inicios de la historia de la civilización humana. Las necesidades que tenía una persona, cuando no podían ser satisfechas por esta misma, eran cubiertas por la comunidad: la tribu, la familia, los vecinos más cercanos… sin embargo, con el advenimiento de la sociedad moderna, entendida como aquella surgida a partir de las ideas ilustradas y que encuentra su máxima expresión en el sistema de producción industrial capitalista, la satisfacción de las necesidades se convierte en una responsabilidad individual y dependiente de la relación que la persona establece con el mercado. La idea fuerte de propiedad privada ha sido determinante para llegar a este punto.

No obstante esto, a finales del siglo XX se empieza a fraguar un cambio. La aparición de las ideas New Age (concepto muy difuso asociado a los movimientos contraculturales norte-americanos), juntamente con la crisis del rígido modelo de producción fordista, a finales de los 70’, impulsan la adopción cada vez más generalizada de unos valores sociales que se alejan de aquellos forjados durante la etapa de desarrollo industrial fordista. Se trata de un conjunto de valores que se podrían etiquetar como “postmaterialistas” (Inglehart, 1997), caracterizados por su orientación a la participación ciudadana en la toma de decisiones, la protección de la libertad de expresión, la protección del medio ambiente y un progreso social vinculado a la fuerza de las ideas y no a la fuerza del dinero.



