Los canales de comunicación de social media se caracterizan por la evolución constante de sus formatos. Plataformas como Facebook o Tuenti comenzaron ofreciendo únicamente texto y fotografías -clave- en sus inicios. Los usuarios parecían satisfechos con estas dos sencillas posibilidades, pues podían interactuar entre sí con dos elementos prioritarios para comentar y fomentar ese sabor que se degusta en las redes sociales.
Poco a poco se ha ido dando forma a nuevas aproximaciones a las redes sociales con la evolución de las mismas. La inclusión de la publicidad o la introducción de los chats en tiempo real han cambiado la manera en la que interactuamos en estas plataformas. Basta analizar cómo ha crecido el tiempo de permanencia en el sitio: incrementado por aquellas personas que permanecen conectadas para usar el chat.
Pero si algo ha influido directamente sobre las redes sociales, eso creo que es la introducción de vídeo. Sea directa (propio servidor) o indirecta (a través de embeds a lo Youtube), el vídeo se ha coronado como un nuevo soporte para compartir experiencias en la Web 2.0. La clave de su éxito es la televisión: nos ha «criado», «educado» como homo audiovisualis, por lo que este soporte se convierte en una opción socorrida.
De cara a potenciar nuestras acciones de social media (sean de identidad digital personal o de marketing), el vídeo tiene como ventaja su «viralidad». Es especialmente «contagioso» gracias a que todos estamos acostumbrados a él y puede mostrar en pocos segundos una idea de manera clara. Vivimos en un entorno cómodo, donde el tiempo es extremadamente reducido y consumir vídeo una de las opciones predominantes.

