El fuerte crecimiento en ventas de la marca blanca, sobre todo en el ámbito del gran consumo – argumento del que nos hemos estado ocupando a lo largo de las últimas semanas – es percibido por los fabricantes de productos de marca como una amenaza.
Una amenaza no sólo para la rentabilidad de su negocio, sino también – aseguran los fabricantes – para los consumidores, cuya libertad de elección se reduce cada día más por la ausencia de productos de marca en los lineales y por la escasa innovación que conlleva la marca blanca.
Aunque sus promesas son muy conocidas, el argumento no nos acaba de convencer del todo. Por eso, con el fin de evaluar su alcance, creemos que puede resultar útil inspirarnos en una interesante clasificación recientemente propuesta por el experto periodista Kevin Maney en su último libro «Trade-Off» ( Trade-Off: Why Some Things Catch On, and Others Don’t, por Kevin Maney and Jim Collins, Ed. Broadway Business, 2009).
La idea de Maney es bastante sencilla. Nos dice que todo producto o marca es una combinación de dos factores relacionados entre si: «fidelidad» y «conveniencia«.
