El País del domingo pasado, en su sección ‘Negocios‘, publicó una serie de artículos bajo el título:
En un primer momento pensámos que nos ibamos a encontrar otra prueba documentada del atraso tecnológico y de la falta de innovación típica de gran parte del Sur Europa – esa parte del continente que suele ir siempre a remolque de las áreas más dinámicas, habitualmente ubicadas más al Norte.
No fue hasta haber terminado la lectura playera de los 5 artículos cuando nos dimos cuenta que en ninguno de ellos los autores se habían hecho una pregunta que, en el ámbito del análisis económico, es bastante básica:
¿Qué interés o intereses mueven las acciones de los actores que están en el mercado? En este caso en concreto: ¿Qué ganarían las grandes empresas si se echaran de cabeza a la piscina del web 2.0? ¿Qué les lleva a desaprovechar las oportunidades ofrecidas por las nuevas plataformas de comunicación en Internet?
