Hace tiempo que las redes sociales se han apoderado del tiempo libre de muchos de nosotros. Y ya llevamos un buen tiempo intentando adivinar el rumbo que tomará la comunicación publicitaria en estos medios, cuyo potencial es todavía poco más que una incógnita.
Las redes sociales (y con estas también, blogs y microblogs) han sido englobadas poco a poco dentro de los modelos clásicos del negocio publicitario, quizás más centrados en la viralidad del mensaje y en el buzz, pero todavía esperamos la llegada de una herramienta definitiva, como puede ser Adwords de Google.
Pese a que lo que cabría esperar es que fueran las grandes agencias de publicidad y sus clientes (las grandes marcas), las que lideran el cambio, en lo que al uso comercial de redes sociales se refiere, son las PYMES las que mayor beneficio por el uso de las redes sociales con fines publicitarios están logrando, a pesar de (o incluso, a consecuencia de) contar con reducidos presupuestos para sus actividades de marketing.
Esta semana Tech Crunch presenta precisamente casos de éxito de algunos pequeños empresarios de California que han logrado su éxito a través de acciones de comunicación exclusivamente 2.0.
Es el caso de Curtis Kimball, artífice del enormemente popular carrito de Crème Brûlée (tipo carrito de hot dogs) en San Francisco, que ha conseguido más de 12.000 seguidores en Twitter en poco más de un año. Sabe que la mayoría de su trabajo proviene de personas que le siguen en Twitter y que quieren saber donde estará ubicado cada día su carrito y comprarle su excelente Crème Brûlée.
